OPINIÓN
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Si quiere democracia, frene su entusiasmo
 
por: Jorge Morelli (mayo 9, 2008)
 
Una pregunta clásica de las ciencias políticas es sobre la relación causal entre desarrollo y democracia: el desarrollo es condición de la democracia, concluyeron. Una soberana perogrullada, sin embargo, porque la cuestión era y es, más bien, cómo hacer para que la democracia no impida alcanzar el desarrollo.

Gorbachev se empeñó en Rusia en acelerar la apertura política (glasnost), y terminó por comprometer la reforma económica (perestroika). Los chinos, en cambio, aprendieron su lección en pellejo ajeno: comenzaron lentamente su liberalización económica sin conceder apertura política ninguna. Su salto al desarrollo económico es innegable, su democratización inexistente hasta ahora, pero inevitable.

Ergo, es a través de la reforma económica y sólo luego de una apertura política que se llega primero al desarrollo, luego a la democracia: el mismo camino que Inglaterra. Nada nuevo bajo el sol.

Pero no al revés. El camino opuesto, que fue el de Rusia, acaba mal, en cambio. No hay, pues, sino una ruta a la democracia, una sola vía de transición posible con dos fases: la económica y la política. Y no se puede invertir ese orden so pena de fracasar.

La otra vía, la que prefiere la apertura política primero conduce directamente a la demagogia y de allí al autoritarismo. Desde donde, entonces, hay que empezar el camino de nuevo desde cero, empezando por la liberalización económica primero. Y así hasta aprender. Sin escapatoria.